martes, 25 de noviembre de 2008

Bendito seas por siempre Señor...

A veces, cuando ya no se como demonios sacar lo que traigo atorado en el espíritu, ya sea bueno o malo, feliz o desdichado, me aviento a escribir lo que del corazón resulte.

El siguiente texto lo escribí un día que me di cuenta de que había reencontrado al amor.

"Dicen que el otoño es frío. Yo mismo lo sentía así hasta el bendito otoño que transcurrió el bendito año anterior.

La tarde, todavía de otoño, estaba fría y soplaba un viento delgado que en sus notas cantaba la canción no aprendida del amor que se pierde entre los árboles y se esconde debajo de las hojas caídas esperando ser rescatado por los hombres. El color ocre de los destellos que reflejaban las hojas muertas de los árboles que entraban en su acostumbrado letargo contagiaron las tardes del bendito mes de noviembre de un ámbito perfecto para comenzar, de nuevo, a alimentar las ilusiones de encontrar en el otro a la media naranja tan anhelada.

El olor de la muerte a medias de la naturaleza inspira siempre en uno la necesidad de preparar, como ella, el terreno para dar vida de nuevo a todo lo que a uno le hace sentir que está vivo, eso que le da cuerda al mundo.

El único ingrediente que no faltaba, porque estuvo presente desde antes del comienzo, era la disposición de sembrar la tierra y trabajar en ella para hacer crecer la plantita que algún día tocará la puerta de un país lejano llamado Nunca Jamás y morirá en la vida de la muerte eterna en la tierra del Rey Calabaza, para así perdurar hasta la eternidad, hasta llegar de nuevo a la nada y volver a crecer para repetirse el ciclo infinitamente..."

¿Qué pasa si el amor se enfría?


El amor no es como el jamón, si lo guardas en el refri no se conserva mejor.

Más bien debes mantenerlo calientito, evitar que su temperatura disminuya, porque una vez tibio es muy difícil (pero ojo que no imposible) hacer que la misma persona lo vuelva a calentar. Aunque bien es cierto que esto de mantenerlo así es cuestión solo de voluntad.

El hacer que la chispa parezca hoguera o que el infierno se extinga dejando solo cenizas, es el resultado de trabajar juntos con un fin común, ya sea el primero de los mencionados o, en el peor de los casos, el segundo.

Aunque viéndolo bien, peor, peor, lo que se dice peor... no lo es eh! Y es que a veces cuando uno cree que se hunde en la miseria de la soledad, las cenizas empiezan a quemar.
Porque el amor es así, tu crois le tenir, il t'évite, tu crois l'éviter, il te tient. Y entonces sucede que te das cuenta que eres un ser (válgame y admítame la redundancia) apto para amar pero aquí aparece lo que puede convertirse en un conflicto.

Cuando asumes que eres capaz de amar ya tienes el primer pie del otro lado, lo malo es que el otro pie que falta no puede ser tuyo, tiene que ser de alguien más, de ese que "te ama" porque, estará usted de acuerdo conmigo, eso que ambos intentan construir debe tener la mitad de cada uno ¿o no?

Pero, ¿porque digo que puede ser un conflicto? Resulta que uno a veces se encuentra en la vida con personas que no se dan cuenta que son seres con la capacidad de amar, de construir en equipo (de dos) un futuro, un destino, una sola razón de vivir que lo una por siempre, para siempre y por entera convicción con el otro.

Aquí el trabajo, entonces, para mantener vivo el fuego se multiplica. Ahora ya no es suficiente hacer lo que nos toca hacer para que esto sea posible, sino que se nos presenta de frente e infranqueable la obligación de hacer que el otro haga lo que tiene que hacer para evitar que la flama del cerillo que encendimos nos queme los dedos.

Quizá suene complicado pero nada más lejano a la realidad. Todo está en querer incendiar el bosque y este comenzará a arder con tal intensidad que parecerá que no hay poder humano que lo pueda evitar, controlar o apagar.

Y es que así es el amor, si tu ne m'aimes pas je t'aime, si je t'aime prends garde à toi. Porque el fuego alcanza hasta donde uno sea capaz de soplar, puede volverse poderoso o inestable, arder o consumirse.

El trabajo diario de cortar leños secos, fríos, muertos, es lo que le da vida al fuego que es el amor. Es un resucitar continuo y maravilloso.

Si la venganza es un plato que sabe mejor si lo tomas frío, el amor es el plato que ardiendo es más rico y divertido