lunes, 22 de agosto de 2016

¿Qué pretendía Carmen Aristegui?



Coordinar una investigación como la de la famosísima Casa Blanca fue un acto valiente en los tiempos del “nuevo PRI” cuyo reconocimiento del público es lo mínimo que merece, pero los datos revelados la noche del domingo pisan la raya de la ridiculez.

Con el anuncio tempranero de que a través de sus redes sociales los mexicanos conoceríamos de la boca de Carmen Aristegui un dato casi que escalofriante acerca del presidente, se encendieron las alertas en Twitter y en muchos medios de renombre.


Las apuestas, las suposiciones, las ataduras de cabos y rabos no se hicieron esperar. La gente esperaba algo más fuerte, más contundente, algo que de verdad hiciera temblar a la Presidencia o, por lo menos, a la oficina de su vocero.


En un video de poco más de cinco minutos de duración, el equipo de investigadores desperdició el tiempo de la gente ambientando un reportaje con la música que les gusta en aquella redacción, esa que bien podría servir de fondo a cualquier película catastrofista hollywoodense, que nos conduce a la escena en la que el protagonista está a punto de ser devorado por una avalancha provocada por su propia terquedad o estupidez. Pero no fue así.


El “sesudo” análisis de los periodistas bien se pudo haber resumido en una lámina bien trabajada en power point que dijera:

“A Peña Nieto no le enseñaron a utilizar comillas en la primaria”


¿Qué pretendía Carmen Aristegui? ¿Quería tambalear a un aparto que ni los #YoSoy132, ni los muertos de Tlatlaya, ni los desaparecidos de Ayotzinapa, ni los muertos de Nochixtlán, ni las protestas de la CNTE, ni la casa de Malinalco de sus colaboradores, ni el departamento de Miami, ni los gritos de “asesino” que lo persiguen hasta el último rincón del mundo, ni, ni, ni… Ni nada ni nadie lo ha conseguido? ¿De verdad creía que revelando que su tesis es un plagio la sociedad volcaría de nuevo todo su apoyo para con ella como la primera o la segunda vez que la sacaron del aire en MVS?


Estoy seguro que hasta el más novato de los periodistas, o el menos avispado de sus radioescuchas o lectores podría haber previsto que esa estrategia sería un fracaso.


¿De verdad quería Aristegui demostrarle al pueblo mexicano que el señor que trata de despachar en Los Pinos es un ignorante? La noticia para Carmen es que él no necesita la ayuda de nadie para ello. Solito se empeña un día sí y otro también en gritar con orgullo que su ignorancia es tanta y tan basta, que le sobran los ejemplos y los ridículos como para que nadie venga a decirle: eres un pendejo.


Si lo que pretendía la periodista era unir las voces (todas) en las redes en contra de EPN, no sólo no lo consiguió, sino que las dividió.


Leo con un poco de escozor las publicaciones de personas que en otros tiempos respeté gritando al mundo: “¡HEY! ¡AQUÍ HAY UN PLAGIADOR!”, “¡EPN ES UN RATERO!”, “¡EL PRESIDENTE ES UN IGNORANTE!”, “¡ARISTEGUI ES LA ÚNICA VERDADERA PERIODISTA DE ESTE PAÍS!”.


¿Es en serio? ¿Ahora resulta que esos a los que yo mismo les hice sus tareas o les pasé las respuestas en los exámenes ahora se vienen a dar golpes de pecho? ¿O será que ya les salió el investigador que llevan dentro y ahora sí se van a titular?


¿De verdad esos profesores que se espantan por el “plagio presidencial” no han leído jamás el acervo de las tesis y tesinas de sus escuelas? ¿Jamás se han dado cuenta de cuántos han obtenido sus títulos realizando copias calca de los trabajos de otros? ¿Me van a decir que no le pueden poner nombre y apellido a los asesores que les dictan la misma tesis a todos sus asesorados para ahorrarse la fatiga de revisar y leer un trabajo nuevo?


El problema del plagio es de suma importancia. De eso no cabe la menor duda ni lo pongo a discusión. Pero ese es un tema que se dirime en los tribunales, no en un medio de comunicación.


Para mí las preguntas fundamentales en este caso concreto son: ¿A quién le provocó un daño Peña Nieto cuando transcribió los párrafos de esos libros en sus tesis? ¿Es un daño irreparable o incalculable a la nación, o a los bienes públicos, o a la administración pública que haya robado el texto de alguien más para titularse? ¿No creen (aunque sea muy en el fondo) que el recurso de Aristegui se parece más a un intento casi suicida por no perder el respeto que por décadas construyó, que a un trabajo serio y de verdadera trascendencia a nivel periodístico?


No estoy justificando, ni aplaudiendo, ni minimizando en absoluto el plagio cometido por Peña Nieto. Sólo digo que el nivel del debate que ese reportaje provocó en eso que denominan muchos “la opinión pública” es, como en más de una ocasión, pobre y de bajísimo nivel.


No sé qué pretendía bien a bien Aristegui con la publicación de ese texto, lo que queda claro es que ni por asomo tiene ningún dato que revele las tramas de corrupción, de conflicto de intereses, de compadrazgos, de tráfico de influencias que se tejen en la política mexicana.


En esta ocasión Aristegui se sumó de manera voluntaria al llamado “tren del mame” con un trabajo que sólo evidenció una práctica cotidiana en la vida académica de este país. Aunque a muchos les duela reconocerlo, esa es la verdad. No hay más.


Me parece que lo único que consiguió fue sacar dos palas más de tierra de una fosa en la que, sin duda, no debería estar. La estrategia le salió mal. No tengo dotes de vidente ni pitonisa, pero cualquiera podría vislumbrar que en el futuro legal de Aristegui las cosas van a empeorar.


Acuérdense de la máxima:


A los amigos, justicia y gracias. A los demás, la ley a secas

martes, 31 de mayo de 2016

No, los medios no tienen la culpa de las acciones de esos changos con tijeras


Es en serio. Creo ciegamente en que la especie humana ya está en un límite de pendejez que difícilmente podrá cruzar de reversa para reparar las estupideces que ha cometido durante siglos.

Esa pendejez no se le debe a los medios de comunicación masiva como la televisión. Si alguno de mis compañeros de carrera, profesores, o gente que se supone que entiende la comunicación y sus procesos cree que es así, entonces estamos doblemente jodidos.

No me digan por favor que Televisa tiene la culpa de los primitivos seres que tomaron unas tijeras y tusaron a dos mujeres de la tercera edad. No. De verdad, no.

Tampoco me digan que el futbol mantiene "dormida" a la población que no se solidariza con esos "maestros" que, con toda "justicia", exigen una mejor educación para nuestros niños. 

¿En serio? ¿Obligando a esas mujeres a caminar descalzas por las calles con sendas pancartas que emulaban a Dimas y Gestas? ¿Así se enseñan valores hoy en día?

No, por favor, que el gobierno -maldito represor, calumniador, que fabrica pruebas y siembra expedientes delictivos donde nunca hubo alguno- debe responder por los actos de la barbarie -porque no merecen otro calificativo- que vimos repetirse hoy en Chiapas.

No, esos ni ningunos otros son responsables de los actos reprobables cometidos por la CNTE.

Ese puñado de delincuentes que instigan a los profesores, que los obligan a asistir a sus actos políticos, que acosan, que siembran miedo entre sus "iguales" no merecen estar parados frente a un salón de clases.

Estoy convencido de que así no se gana absolutamente nada. Ese no es el camino, señores.
Es enseñándole a niños y niñas a criticar con fundamento. A no quedarse con la primer opinión. A disentir, cuestionar e investigar. A pensar, pues.

Si como profesor crees que los medios dictan tu vida diaria, entonces no sirves para nada. ¿Dónde queda el criterio de las personas? ¿Dónde está en esa ecuación la voluntad? ¿Dónde el razonamiento que, se supone, utilizan para criticar a los medios, al gobierno y al sistema? No hay. Simplemente no existe en una forma tan cerrada de "pensar" la vida y el actuar de las personas.

Les faltan al respeto a los otros al creer que son seres incapaces de reaccionar de manera voluntaria a cualquier estímulo. "Si no opinan como yo, entonces son pendejos/víctimas de Televisa, el gobierno y el futbol". ¡Qué patética mentira para ocultar su verdadera apatía e inexistente capacidad de observar más allá de lo evidente!

Lo de hoy es una muestra clarísima e inobjetable de que la CNTE no está preocupada por la educación de niños y niñas. Tampoco soy ingenuo. A la SEP también le vale madres pero ese no es mi punto hoy.

Digan, defensores de ese "noble y justo movimiento", que estoy equivocado, que esos pendejos de las tijeras ni siquiera son maestros porque sólo apoyan desde "la sociedad" a los mentores. Y entonces les diré que al solapar que seres inmundos como ese actúen a la par de la Coordinadora son tan culpables y repulsivos como aquellos.

Rabia, vergüenza, pena ajena, lástima es lo que me provoca cuando escucho que alguien está convencido de que la CNTE está haciendo lo correcto. Nada más.

martes, 17 de mayo de 2016

El día que EPN decidió jotear



No sólo son los golpes, los gritos, los insultos, las palabras que hieren. La violencia también proviene de las instituciones que nos niegan el derecho de ser lo que somos, de expresarnos libremente como cualquier persona heterosexual lo hace, sin tener que pedirle nada a nadie.


Esa violencia, la institucional, es la que hoy de un plumazo atacó Enrique Peña Nieto.


No quiero caer en la auto victimización, pero tampoco puedo dejar de visibilizar la violencia que de manera cotidiana sufren las personas diverso-sexuales.


Desde mi perspectiva como ciudadano, como homosexual y como remedo mal logrado de periodista, hoy debo aplaudir la iniciativa que envío el presidente al Congreso para reformar la Constitución y así garantizar el matrimonio igualitario a nivel nacional.


Uno debe aprender a mantenerse más o menos a la mitad de ese escabroso camino que separa a la sociedad de las instituciones oficiales. Debemos, sí, señalar sin miedo y sin pudor las injusticias; pero también es nuestra obligación aplaudir las acciones que redundan en el beneficio colectivo. Hoy es un día de esos.


¿Por qué festejar lo que (¿la mayoría?)  de la sociedad condena? Porque si bien es cierto que reconocer el derecho humano al matrimonio no es el fin último que se persigue desde las trincheras de las poblaciones lésbico-gay-bisexual-transgénero-transexual-travesti-intersexual (LGBTTTI), debemos reconocer que eso ha permitido que muchas parejas puedan vivir hoy un poco más tranquilas.


Reformar el Código Civil Federal no implica solamente permitir que las personas podamos decidir libremente a nuestros compañeros y compañeras de vida. Es muchísimo más que eso.


Ya no habrá que promover amparos (con todo el engorroso proceso que conlleva) para acceder a un derecho que sin ninguna razón de ser, hoy es exclusivo de una parte de la población en la mayoría de las entidades que forman la federación. ¿Es justo recibir el mismo trato que cualquier inculpado de cualquier delito sólo por querer oficializar la vida que de todas formas ya llevamos? No será necesario justificar por mandato judicial el vínculo que une a dos personas que quieren acceder a la seguridad social.  No tenemos que pedirle permiso a nadie, pues, de ser lo que se nos da la gana ser.


Me queda claro que la discriminación no es un fenómeno social que se elimine por decreto, pero los que hemos tenido la fortuna de convivir con personas de las poblaciones LGBTTTI de generaciones distintas a la nuestra podemos comprobar como, uno a uno, los logros que se han ido cosechando a través del tiempo han servido para ir, de a poco, construyendo un mundo mejor para nosotros.


Sí, mañana la estigmatización continuará, los crímenes de odio por homofobia no van a parar, los apodos que tú y tú, heterosexuales, amablemente nos han puesto (y que no necesito enumerar) no van a desaparecer. Me queda claro que mientras el Estado no hubiera actuado, el camino seguiría estando atascado de rocas, ya no digamos de piedritas


Pero, sobre todo, estoy absolutamente convencido que cuando creemos que hemos avanzado lo suficiente, nos damos cuenta de que tenemos al enemigo viviendo en casa.


Ahí es donde está el trabajo diario. En convertir el espacio que habitamos los LGBTTTI en un sitio menos hostil.


¡Bravo por la reforma planteada por Enrique Peña Nieto! Porque, sea cual sea la razón que lo motivó, me hizo recordar una frase que leí por ahí: “Cuando piensa uno en tirar la toalla vienen historias como ésta para recordarte que no puedes, no tienes derecho a hacerlo”.