martes, 31 de mayo de 2016

No, los medios no tienen la culpa de las acciones de esos changos con tijeras


Es en serio. Creo ciegamente en que la especie humana ya está en un límite de pendejez que difícilmente podrá cruzar de reversa para reparar las estupideces que ha cometido durante siglos.

Esa pendejez no se le debe a los medios de comunicación masiva como la televisión. Si alguno de mis compañeros de carrera, profesores, o gente que se supone que entiende la comunicación y sus procesos cree que es así, entonces estamos doblemente jodidos.

No me digan por favor que Televisa tiene la culpa de los primitivos seres que tomaron unas tijeras y tusaron a dos mujeres de la tercera edad. No. De verdad, no.

Tampoco me digan que el futbol mantiene "dormida" a la población que no se solidariza con esos "maestros" que, con toda "justicia", exigen una mejor educación para nuestros niños. 

¿En serio? ¿Obligando a esas mujeres a caminar descalzas por las calles con sendas pancartas que emulaban a Dimas y Gestas? ¿Así se enseñan valores hoy en día?

No, por favor, que el gobierno -maldito represor, calumniador, que fabrica pruebas y siembra expedientes delictivos donde nunca hubo alguno- debe responder por los actos de la barbarie -porque no merecen otro calificativo- que vimos repetirse hoy en Chiapas.

No, esos ni ningunos otros son responsables de los actos reprobables cometidos por la CNTE.

Ese puñado de delincuentes que instigan a los profesores, que los obligan a asistir a sus actos políticos, que acosan, que siembran miedo entre sus "iguales" no merecen estar parados frente a un salón de clases.

Estoy convencido de que así no se gana absolutamente nada. Ese no es el camino, señores.
Es enseñándole a niños y niñas a criticar con fundamento. A no quedarse con la primer opinión. A disentir, cuestionar e investigar. A pensar, pues.

Si como profesor crees que los medios dictan tu vida diaria, entonces no sirves para nada. ¿Dónde queda el criterio de las personas? ¿Dónde está en esa ecuación la voluntad? ¿Dónde el razonamiento que, se supone, utilizan para criticar a los medios, al gobierno y al sistema? No hay. Simplemente no existe en una forma tan cerrada de "pensar" la vida y el actuar de las personas.

Les faltan al respeto a los otros al creer que son seres incapaces de reaccionar de manera voluntaria a cualquier estímulo. "Si no opinan como yo, entonces son pendejos/víctimas de Televisa, el gobierno y el futbol". ¡Qué patética mentira para ocultar su verdadera apatía e inexistente capacidad de observar más allá de lo evidente!

Lo de hoy es una muestra clarísima e inobjetable de que la CNTE no está preocupada por la educación de niños y niñas. Tampoco soy ingenuo. A la SEP también le vale madres pero ese no es mi punto hoy.

Digan, defensores de ese "noble y justo movimiento", que estoy equivocado, que esos pendejos de las tijeras ni siquiera son maestros porque sólo apoyan desde "la sociedad" a los mentores. Y entonces les diré que al solapar que seres inmundos como ese actúen a la par de la Coordinadora son tan culpables y repulsivos como aquellos.

Rabia, vergüenza, pena ajena, lástima es lo que me provoca cuando escucho que alguien está convencido de que la CNTE está haciendo lo correcto. Nada más.

martes, 17 de mayo de 2016

El día que EPN decidió jotear



No sólo son los golpes, los gritos, los insultos, las palabras que hieren. La violencia también proviene de las instituciones que nos niegan el derecho de ser lo que somos, de expresarnos libremente como cualquier persona heterosexual lo hace, sin tener que pedirle nada a nadie.


Esa violencia, la institucional, es la que hoy de un plumazo atacó Enrique Peña Nieto.


No quiero caer en la auto victimización, pero tampoco puedo dejar de visibilizar la violencia que de manera cotidiana sufren las personas diverso-sexuales.


Desde mi perspectiva como ciudadano, como homosexual y como remedo mal logrado de periodista, hoy debo aplaudir la iniciativa que envío el presidente al Congreso para reformar la Constitución y así garantizar el matrimonio igualitario a nivel nacional.


Uno debe aprender a mantenerse más o menos a la mitad de ese escabroso camino que separa a la sociedad de las instituciones oficiales. Debemos, sí, señalar sin miedo y sin pudor las injusticias; pero también es nuestra obligación aplaudir las acciones que redundan en el beneficio colectivo. Hoy es un día de esos.


¿Por qué festejar lo que (¿la mayoría?)  de la sociedad condena? Porque si bien es cierto que reconocer el derecho humano al matrimonio no es el fin último que se persigue desde las trincheras de las poblaciones lésbico-gay-bisexual-transgénero-transexual-travesti-intersexual (LGBTTTI), debemos reconocer que eso ha permitido que muchas parejas puedan vivir hoy un poco más tranquilas.


Reformar el Código Civil Federal no implica solamente permitir que las personas podamos decidir libremente a nuestros compañeros y compañeras de vida. Es muchísimo más que eso.


Ya no habrá que promover amparos (con todo el engorroso proceso que conlleva) para acceder a un derecho que sin ninguna razón de ser, hoy es exclusivo de una parte de la población en la mayoría de las entidades que forman la federación. ¿Es justo recibir el mismo trato que cualquier inculpado de cualquier delito sólo por querer oficializar la vida que de todas formas ya llevamos? No será necesario justificar por mandato judicial el vínculo que une a dos personas que quieren acceder a la seguridad social.  No tenemos que pedirle permiso a nadie, pues, de ser lo que se nos da la gana ser.


Me queda claro que la discriminación no es un fenómeno social que se elimine por decreto, pero los que hemos tenido la fortuna de convivir con personas de las poblaciones LGBTTTI de generaciones distintas a la nuestra podemos comprobar como, uno a uno, los logros que se han ido cosechando a través del tiempo han servido para ir, de a poco, construyendo un mundo mejor para nosotros.


Sí, mañana la estigmatización continuará, los crímenes de odio por homofobia no van a parar, los apodos que tú y tú, heterosexuales, amablemente nos han puesto (y que no necesito enumerar) no van a desaparecer. Me queda claro que mientras el Estado no hubiera actuado, el camino seguiría estando atascado de rocas, ya no digamos de piedritas


Pero, sobre todo, estoy absolutamente convencido que cuando creemos que hemos avanzado lo suficiente, nos damos cuenta de que tenemos al enemigo viviendo en casa.


Ahí es donde está el trabajo diario. En convertir el espacio que habitamos los LGBTTTI en un sitio menos hostil.


¡Bravo por la reforma planteada por Enrique Peña Nieto! Porque, sea cual sea la razón que lo motivó, me hizo recordar una frase que leí por ahí: “Cuando piensa uno en tirar la toalla vienen historias como ésta para recordarte que no puedes, no tienes derecho a hacerlo”.