“Tal vez las colinas Preseli fueron una montaña sagrada y había algo en las rocas que, cuando las trajeron de las planicies del Salsbury, les permitió regresar a la magia de su propio mundo”
Mike Pitts, editor de "British Archaeology"
Ya es 21 de julio. El frío húmedo del ambiente nos cala en los huesos. La neblina opaca nuestra visión pero sabemos que nuestros ojos verán lo que pocos en el mundo han disfrutado, la aparición del sol por entre la hendidura de la piedra talón al amanecer. Pero eso no es lo que nos tiene aquí. Dicen que la noticia cimbrará nuestras almas.
Somos muy afortunados de estar aquí ya que sólo los sacerdotes druidas pueden ser parte del rito, pero nosotros simplemente seremos espectadores y testigos de lo que el más grande tiene que decir. El astro está cada vez más cerca. Los gigantes de piedra esperan inamovibles como lo hacen desde hace más de tres mil años.
Estos monstruos megalíticos que viajaron desde Preseli hasta Salsbury, para darle luego el nombre de Stonehenge, aguardan pacientes al maestro. Son capaces de detener el tiempo para permitir a los mortales entrar en el mundo mágico de los ancestros. Entrada y salida del sol del verano y del invierno son también.
El silencio de la madrugada ensordece, la vastedad de la nada que nos rodea nos asfixia. Ya empiezan a llegar. El sigilo de sus pasos hace parecer que flotan sobre el césped. Vienen en dos líneas uniformados con sus túnicas ceremoniales en color blanco. Sus rostros muestran la misma zozobra que los nuestros. ¿Qué nos va a decir?
El grupo de sacerdotes atraviesa el primer círculo perfecto que forman las rocas más grandes de Stonehenge. Con siete metros de altura y más de 40 toneladas, están aquí para recordarnos que hay alguien superior a nosotros. Cruzan el segundo círculo de azulitas traídas de Preseli y se toman de las manos rodeando la herradura del centro.
Esta vez la ceremonia no estará iluminada sólo con las velas de cera virgen de abeja, así que se apresuran a encender una gran hoguera al centro para recibir al maestro. Ya casi es la hora. En el horizonte ya se asoma el alba al mismo tiempo que aparece el más grande de todos los tiempos en esta escena, pero, ¿por qué aquí?
No importa que hoy sepamos que la antigüedad de este lugar es mayor aún que las pirámides de Egipto. La energía de Stonehenge es la que él necesita para poder adentrarse en su futuro, que es nuestro presente, y revelarnos lo que nos depara el destino. Ya está entrando al círculo y todos nos sentimos envueltos por su presencia.
Sabemos bien que estaba destinado al mal, pero él eligió el camino contrario. Su infinita bondad nos llena el espíritu con sólo mirarlo, su andar tranquilo y su rostro sereno nos invita a un momento de paz inquietante. De pronto, se cruzan nuestras miradas cuando agradece con una sonrisa a todos los que estamos acompañándolo en este día que él sabe tan importante, y es que así es Merlín.
El más grande mago de toda la historia organiza a los druidas para comenzar el rito. Los cánticos y plegarias para consagrarse a los puntos cardinales tal como la tradición celta lo indica no se hacen esperar. Merlín los guía en la ceremonia como el mentor que dedica su vida al pupilo.
Primero invoca al Oeste, a Fios, que desde la ciudad de Gorias guarda celoso la ciencia y el conocimiento; luego al Norte, a Cath, que desde Findias los ayuda a salir bien librados en las batallas; ahora al Este, a Bláth, le solicita la prosperidad que sólo en Murias se puede hallar; por último al Sur, a Séis, a quien se relaciona con la música y la canción.
El sol ya está apareciendo en el horizonte y sus primeros rayos penetran la rendija de la piedra talón en Stonehenge. Merlín está listo para leer en el fuego la noticia que hoy nos tiene aquí. Su rostro lleno de bondad de pronto palidece y su expresión no nos deja mucho qué pensar. La maldad del hombre nos va a alcanzar.
El mundo será un césped. Y en el césped tres muchachas jugarán. Pero bajo la Tierra yo veo el fuego. Y cuando una de las tres muchachas lanza la piedra, todas las tres muchachas serán alcanzadas. En el césped habrá fuego y en cada fuego se escribirá un nombre. Pero el nombre fue escrito para olvidarse.
El silencio, de por sí estruendoso, ahora nos enmudece más. Merlín nos hablaba de una guerra inevitable. Los rostros desencajados de los druidas eran los mismos que nosotros teníamos al escuchar la profecía. Un murmullo de desánimo intentó romper el silencio sólo disimulado por el crujir de las llamas de la hoguera. Pero algo más vio.
El dragón aparecerá entre los mortales. Parecerán victoriosos, llenos de honra. Pero será bueno que los hombres mantengan la mirada fija sobre la Toscaza, porque será de ese lado que aparecerá el dragón.
Allí serán sacrificadas las vírgenes. El litoral de Cartago será tragado por el mar y se desfigurarán otras tierras. Es el tiempo del dragón de Babilonia.
Cuando el dragón de Babilonia llegue al fin, muchas señales saltarán de la tierra africana. Las ciudades de los seguidores del dragón serán destruidas.Próximo el fin del mundo, cuando el sol y la luna cambiarán, los grifos vendrán a comer trigo. Los países estarán llenos de lágrimas. El sol se demorará en el Este y la luna en el Occidente; y ellos no seguirán más su curso.
En ese momento en que los hombres y mujeres tendrán los niños más raramente, las personas perderán la fe y el mundo será sumamente malvado.
Pareciera que Merlín no nos daba muchas esperanzas. Las rocas de Stonehenge, después de cuatro milenios de permanecer estáticas, temblaron de terror junto con nuestros cuerpos al escuchar las premoniciones del maestro, y es que él jamás se equivoca.
De pronto el guía nos regresa a nuestro tiempo. Abrimos los ojos y el frío de la mañana de este 21 de julio, de este solsticio de verano, sigue calándonos en los huesos. Pero más adentro, en el espíritu y en la mente, nos pesan las palabras de Merlín.
Corea del Norte, cuál si fuera una de las tres muchachas, amenaza a Estados Unidos con lanzar un misil nuclear si el gobierno norteamericano no para su intento de desarme nuclear del país oriental, pero no se da cuenta que con su piedra también será alcanzada. Las ciudades seguidoras del dragón serán destruidas y en el césped habrá fuego.
Los países estarán llenos de lágrimas si una tercera guerra mundial acontece tal como nos lo contó esta mañana Merlín. Las personas perderán la fe y el mundo será sumamente malvado.
Aquí las rocas traídas de las planicies del Salsbury nos permiten regresar a la magia de nuestro planeta, a esa magia cruel que nos acecha a cada instante. El círculo que nos enmarca nos deja sentir que estamos parados en el centro de la Tierra. Como si Stonehenge representara y encerrara toda la magia de nuestro mundo.
La visita terminó. Nosotros nos vamos, pero Stonehenge queda ahí y quizá, así como al principio fue testigo desde antes de que se empezara a escribir la historia del hombre, sea también espectador de cómo tal vez las palabras del más grande hechicero galés se cumplen terminando con ella.
En ese momento en que los hombres y mujeres tendrán los niños más raramente, las personas perderán la fe y el mundo será sumamente malvado.
Pareciera que Merlín no nos daba muchas esperanzas. Las rocas de Stonehenge, después de cuatro milenios de permanecer estáticas, temblaron de terror junto con nuestros cuerpos al escuchar las premoniciones del maestro, y es que él jamás se equivoca.
De pronto el guía nos regresa a nuestro tiempo. Abrimos los ojos y el frío de la mañana de este 21 de julio, de este solsticio de verano, sigue calándonos en los huesos. Pero más adentro, en el espíritu y en la mente, nos pesan las palabras de Merlín.
Corea del Norte, cuál si fuera una de las tres muchachas, amenaza a Estados Unidos con lanzar un misil nuclear si el gobierno norteamericano no para su intento de desarme nuclear del país oriental, pero no se da cuenta que con su piedra también será alcanzada. Las ciudades seguidoras del dragón serán destruidas y en el césped habrá fuego.
Los países estarán llenos de lágrimas si una tercera guerra mundial acontece tal como nos lo contó esta mañana Merlín. Las personas perderán la fe y el mundo será sumamente malvado.
Aquí las rocas traídas de las planicies del Salsbury nos permiten regresar a la magia de nuestro planeta, a esa magia cruel que nos acecha a cada instante. El círculo que nos enmarca nos deja sentir que estamos parados en el centro de la Tierra. Como si Stonehenge representara y encerrara toda la magia de nuestro mundo.
La visita terminó. Nosotros nos vamos, pero Stonehenge queda ahí y quizá, así como al principio fue testigo desde antes de que se empezara a escribir la historia del hombre, sea también espectador de cómo tal vez las palabras del más grande hechicero galés se cumplen terminando con ella.